Hace pocos días presencié una escena desgraciada en un estanco. La señora que atendía el estanco estaba al borde de las lágrimas y de un ataque de nervios porque acababa de leer la noticia de que el novio de una mujer violó y quemó a su hija de tres años (ahora resulta que, finalmente, no la violó). Me fui de la tienda impresionado por la sensibilidad de la señora, ya que hoy día cada vez estamos más insensibles, pero no pude al poco llenarme de indignación. Mi indignación degeneró en un gran cabreo. Y es que esta tienda vende pornografía justo en frente de un instituto. Y la pornografía se expone en el escaparate... Todo va relacionado.
El vicio llama al vicio, y si lo que la sociedad promueve so capa de libertad es la brutalización de los jóvenes, ¿por qué luego se rasgan hipocritamente las vestiduras? Si la hipersexualización de todos los ámbitos sociales se ha convertido en ley, ¿por qué luego se asombran de los abortos, de la prostitución, de los abusos a menores, de las violaciones, etc? Qué pasa, ¿esperaban que promoviendo el vicio la sociedad se volviese virtuosa? ¿Qué dando carta abierta a la animalización del hombre este se hiciese civilizado? ¿Qué la banalización de la sexualidad trajese como consecuencia personas templadas, que no se dejan llevar por los impulsos de la carne? Me da una repugnancia tan grande tanta hipocresía. Pero este es el resultado de la libertad progresista, de la libertad del liberalismo.
Mas rabia me da que los progresistas se impongan medallas por denunciar las "injusticias" -que habría que matizar mucho- de las cosas malas malísimas que perpetraron nuestros antepasados y nieguen su responsabilidad en las actuales, que son muchas, graves y en aumento. Mas patético me parece cuando afirman: "eso ha pasado siempre, sólo que antes no se decía". Claro, en las épocas más virtuosas siempre aparecerán actos aberrantes, porque siempre hay viciosos. La diferencia es que si antes se daba un caso, hoy se dan cien. Pero a los viciosos modernos se les puede echar en cara las mismas palabras que Séneca le echaba a los de su época: pues os conviene que nadie parezca bueno, como si la ajena virtud fuese una reprensión de los vicios que pone al descubierto. Llenos de envidia ponéis en parangón la esplendidez con vuestras sordideces y no comprendéis con cuanta mengua propia osáis establecer este paralelo. Pues si los seguidores de la virtud son avaros, licenciosos, ambiciosos, ¿qué no seréis vosotros a quien el nombre de virtud es aborrecible?
Eso es lo que yo les pregunto a los fomentadores del vicio que señalan tan ávidamente el pecado de los sacerdotes o de la gente de virtud. Si el justo hace mal, ¿qué no haréis -y no hacéis, y no promovéis- vosotros, hacedores del mal que repugnáis la virtud y el bien?
Hace poco vi una película muy buena, muy dura, llamada Princess, danesa, de animación. En ella se relata de forma cruda la realidad del mundo de la pornografía y todo lo que lleva implícito, lo que produce.
Una sociedad no es libre por poder hacer lo que le da la gana, sino por practicar la virtud.
P.D. Todos los que contribuis al fomento del vicio, de la brutalización del hombre, directa o indirectamente, y que excusáis vuestra conciencia diciendo que cada cual compra o hace lo que quiera: me dais asco.

Cierto, la hipocrecía está en todas partes.
ResponderSuprimir